viernes, 1 de marzo de 2013

El viaje - Historia de dos tiempos (FINAL)

Viene de:
PARTE I
PARTE II
Gracias a un sueño profundo quedaron en pausa las peleas y los miedos a la velocidad. Ella dormía muy cómoda con el asiento totalmente reclinado. El ya había empezado a cabecear.
La miro con ternura, siempre que dormía lo hacia. Le gustaba la manera en la que su pecho se inflaba de aire y las muecas que hacia al soñar. Agarro el termo rojo, solo tenia café negro y fue especialmente preparado por ella. El sueño le estaba ganando. Se sirvió un poco en la una taza térmica y fue dando sorbos cortos para no quemarse.
Prendió un cigarrillo, ese era su último atado. Se decidió a llegar a San Luis y descansar ahí un poco.
Escucho quejidos, estaba soñando de nuevo. El recuerdo de la primera vez que se durmió en sus brazos cruzo su mente, ella era hermosa y sus muecas dejaban adivinar que estaba teniendo una pesadilla. Le hizo unas suaves cosquillas en la panza y así termino con ese feo sueño.

Una pesadilla era lo que estaba viviendo. Junín había quedado muy atrás y la RN7 seguía semi desierta. El seguía forzando el motor a sus límites dejándolo descansar unos kilómetros. El pavimento de la ruta eran las crines del corcel que corría su furia esa noche.
Rufino y Laboulaye pasaron cual pueblos fantasmas. Se estaba acercando a Mercedes cuando "de la nada" apareció un camión de frente. Llego a hacer un rebaje, escucho la queja de la caja de velocidad crujiendo cual hojas de acero, el volantazo que dio hizo que temblara todo el auto terminando bruscamente en la banquina de la mano contraria.
Con el auto detenido se mantuvo con las manos en el volante un rato largo mirando hacia ese oscuro infinito que era la ruta de noche y sin luna a la vista.
Grito tan fuerte que hubiese jurado que se podía escuchar el eco rebotando en la inmensidad de la noche. Salio del auto con la garganta estremecida por el grito, se arrodillo, se tapo la cara y, por primera vez en años, lloro.
Sintió un llanto y cuando se dio vuelta ella volvió a hacer las muecas de tristeza y una lagrima empezaba a deslizarse por su mejilla. No quiso despertarla, todavía faltaba para llegar a San Luis y estaba haciendo un buen tiempo y podía ir a la velocidad que quisiera mientras no despertara. Intento nuevamente hacerle cosquillas en la panza y eso logro que esas muecas de tristeza desaparecieran de su rostro.
La tristeza se le dibujaba en su cara. Las lágrimas habían dejado de caer. Se había sorprendido de haber llorado. Todavía arrodillado miro al cielo y volvió a gritar. Más fuerte que antes, con mayor dolor... un nombre se hizo eco en la negrura de la noche olvidada.
Volvió a subirse al auto. Increíblemente este respondió al primer intento. Las ruedas traseras escupieron tierra al momento en que el auto salio disparado nuevamente a la ruta. Los kilómetros que lo separaban de su destino parecieron metros por la velocidad que llevaba. Tuvo que disminuir un poco la velocidad si no quería fundir el motor. El viento seco la ultima lagrima que su recuerdo le robo. Ya estaba cerca de San Luis.
Habían llegado a San Luis regulando la velocidad, sin discusiones de por medio y ella aun durmiendo a su lado. A la entrada de San Luis decidieron quedarse en el mismo lugar de siempre. Entraron a la habitación, vieron la cama de dos plazas, se miraron y en el mismo momento donde sus miradas se cruzaron no dudaron un instante y se besaron. Esa noche hicieron el amor, él la sentía más sensible a sus caricias. Ella lo notaba mucho más atento.
El se quedo en la cama viendo como ella se levantaba y con toda su desnudez lo saludaba desde la puerta del baño, la dejo abierta y sintió como el agua empezaba a correr. Una cortina de vapor empezó a salir del baño. El se levanto y se dirigió hacia el baño, apenas se podía ver del vapor, entro en la ducha, la tomo de atrás por la cintura y la apretó contra su cuerpo. Ella guío sus manos y bajo el agua tibia se unieron nuevamente. Se terminaron de bañar juntos y el creyó ver una lagrima escapándose de sus ojos, pero también podía ser el agua por eso no dijo nada. Salieron de la ducha, apenas se secaron. Ella envolvió una toalla en su cabeza y fueron a acostarse. Durmieron abrazados toda la noche.
El abrazo de la noche lo envolvió. Decidió para en San Luis solo para comprar cigarrillos. Pasó por la puerta del hotel y vio como una pareja entraba en una de esas habitaciones. Tuvo la tentación de parar y hacer noche ahí pero se contuvo y siguió camino.
El camino estaba casi desierto. No había nadie en la ruta. Luego de una corta tanda de mates y facturas ella volvió a reclinar su asiento. Sabía muy bien que hasta Caucete no habría nada más que tierra. Se disculpo, dijo que se sentía cansada y volvió a dormirse.
El tomo esto como signo de que podría fumar sin que lo retaran, apenas bajo la ventanilla y prendió el primer cigarrillo. Todavía faltaba mucho para el empalme de la RN147 con la RN20, según el mapa rutero.
Volvió a fijarse en el GPS. "Apenas unos kilómetros mas" pensó. Prendió su octavo cigarrillo desde que salio de San Luis. Iba con las ventanillas bajas y ya empezaba a amanecer.
Ya podía ver el sol a su derecha. Sintió alivio al pensar que al tomar la RN20 lo tendría detrás. Se volvió a mirarla. Ya no parecía estar teniendo pesadillas. De hecho le pareció ver en su cara un brillo inusual.
Sabia que por varios kilómetros no habría absolutamente nada en esa ruta. Por lo menos hasta pasado el Encón.
Llego al empalme con la RN20 y acelero lo más que pudo. Exigió ese motor al límite. Una lágrima recorrió su mejilla.
Vio una casa, un tanto precaria. Y unas construcciones como galpones.
Se estiro hacia la guantera para buscar el último paquete de cigarrillos.
Cuando levanto la vista llego a ver a un chico, dio un volantazo, después otro, golpeo un caballo que estaba caído en medio de la ruta y perdió el control del auto.
Lo último que escucho fue un grito de miedo.
Cuando despertó, todavía se encontraba en el auto. Lo primero que hizo fue ver si ella estaba aun ahí, pero noto que la puerta no estaba y el auto estaba boca abajo. Se desespero al no poder desabrocharse el cinturón y el volante que lo mantenía en una posición rígida. A lo lejos la vio tendida sobre la ruta. Empezó a sacudirse, omitió por completo el dolor de su cuerpo solo quería llegar a ella, lucho buscando una salida para ir a escuchar su corazón.
Su corazón latía fuerte, tanto por la adrenalina como por lo que iba a suceder a continuación.
Vio el galpón y el enorme ventanal del costado a lo lejos. Apunto el auto hacia el y piso el acelerador lo mas que pudo.
Al dar contra la pared, salio despedido por el parabrisas.
Rompió el astillado parabrisas con los puños y con un pedazo vidrio que encontro corto el cinturón de seguridad. Salio arrastrándose del auto, cuando quiso ponerse en pie perdió el equilibrio. Tenía la pierna fracturada. La sangre le chorreaba de la cabeza a los pies pero logro arrastrarse hacia donde estaba ella. Antes de perder el conocimiento vio dos personas corriendo hacia él.
Dos hombres lo habían levantado y lo habían subido a la camioneta. El acompañante, apenas un adolescente, le sostenía la cabeza y con la otra mano ejercía presión en una herida que no supo identificar. No sentía dolor. De hecho no sentía nada. Se desvaneció.
Cuando volvió en si estaba en una camilla, a su lado iba ella con los ojos cerrados. No hablaba. La ambulancia volaba. "Habla, deciles que no corran tanto que te da miedo." pensó. Pero ella no respondía. Sintió la mano del camillero sobre su cabeza. "Tranquilo" le dijo. No llego a responder.
No contesto ninguna de las preguntas. No podía hablar. No le salían palabras. Ya lo habían trasladado a una habitación en algún hospital. Se había quedado solo.
No supo cuanto tiempo paso solo en esa habitación. No sabia donde estaba ella. Intento moverse, tenía una pierna enyesada y muchas agujas clavadas en el brazo. Se saco todas las líneas. A lado de la cama había una silla de ruedas. Se las arreglo para subirse a ella y salio de la habitación a un pasillo mal iluminado. Una enfermera salia a su encuentro. "¿Donde esta?" Fue lo único que dijo antes de largarse a llorar. La enfermera empujo la silla de ruedas hasta una habitación cercana.
Ahí la vio, sin pelo y con unas agujas clavadas en el cráneo. Tomo su mano. Se quedo dormido con sus dedos entrelazados.
A la mañana sintió un leve movimiento de los dedos. Abrió los ojos e intento incorporarse de la silla con la fuerza de sus brazos lo logro, llego a su boca y la beso. "¿Que tengo en la cabeza? ¿Ya soy una reina?" Bromeo ella. En ese momento se le dio por hacer una broma. Le robo una amarga sonrisa.
La maquina que tenía al lado de su cama dejo de hacer el intermitente ruido. Ella se desvaneció. Su grito alerto al personal. Entraron unas enfermeras y unos doctores. Uno de ellos lo puso en la silla y lo saco de la habitación trabando la puerta detrás. Volvió a incorporarse de la silla, sin hacer caso al dolor que sentía en la pierna quebrada. Vio como se juntaban a su alrededor. Pasaron unos minutos y corrieron la cortina. Por la desesperación y la incapacidad de seguir soportando el dolor cayó al piso y perdió el conocimiento.
Despertó en una habitación oscura, rodeado de maquinas. Tenia una mascara que le cubría la boca y vio dos líneas intravenosas en su brazo derecho. Apenas podía mover los dedos. Sentía el cuerpo adormecido.
La puerta se abrió y entro una enfermera empujando un carro de metal. Quiso hablar pero las palabras no salían. La enfermera lo miro a los ojos, le acaricio la cabeza y le dijo "Tranquilo". Acto seguido cambio unas bolsas debajo de la cama y los sueros que suspendían del caño.
Sin mediar palabras la enfermera tomo el carro de metal y salio de la habitación.
Sintio unos puntos de presión en el craneo e imagino que tambien tenia una corona... Ya se habia convertido en Rey que buscaba a su Reina.
Se empezó a sentir cansado, los ojos se le fueron cerrando al igual que el resto de los sentidos.
Lo ultimo que escucho esa noche fue un tono sostenido proveniente de una de las maquinas y de repente la mas absoluta oscuridad.

Desde las penumbras pudo divisar un resquicio de luz, había algo que lo estaba empujando hacia ella en contra de su voluntad. Estaba a gusto, no tenía intenciones de moverse más de la cuenta. Pero la fuerza que lo impulsaba hacia esa luz era mucho mayor que su propia de voluntad de quedarse dentro de la más completa y absoluta oscuridad. Yendo contra todos sus instintos se dejo arrastrar hacia la luz, era algo enceguecedor, algo hermoso. Sintió ganas de llorar y no pudo contenerse. Durante el llanto sintió la más bella voz, la recordaba de aquel lugar oscuro en el que estaba. Apenas podía abrir los ojos, así que solo se dejo estar en la voz. Sintió el calido abrazo de la dueña de esa voz...




Y así, esa noche, en San Juan un niño nacía... pero esa es otra historia.



Inspirada en "Se le apago la luz" de Alejandro Sanz


3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡ TRES AÑOS ESPERE AL FINAL DE ESTE CUENTO !!!
Igual: EXCELENTE LOCO.
Te felicito.

solec22 dijo...

Que te re mil parió Federico!!! cuando me dijiste que era triste no me imaginé que tanto, pero escribís tan bien que me sentí testigo ocular de la historia desde algún costadito. Se me estrujó el corazón y se me salieron los sentimientos por los ojos.
Sos un escritor de la gran siete y un maldito generador de mi adicción a tu escritura blogueril...seguí inspirándote que acá me quedo esperando más

Anonimo dijo...

Excelente Fede.

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